Flotar, percibirse como un pez en el agua, pero abrir los ojos, salir de esa fantasía y encontrarse con el reflejo anhelado hecho realidad.
Horizonte despejado, sin malezas.
Sentir el silencio, la tranquilidad interior.
Piedras que nos siguen marcando el camino, pero hay menos, de a poco, ese camino lo vamos armando y recorriendo como el comienzo de la larga línea de la vida.
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