Se percibe o se siente, o dicen que es algo así. Alguna vez creímos acercarnos a ello, pero en realidad podía haber llegado a ser una confusión.
Quizás no es tan difícil de descubrir, quizás menos de sentir, pero nos paralizamos por el poder que el resto le da.
Nos llenamos de valor, de energía, de paciencia, de fortaleza, para comenzar una vez más, y siempre una vez más... Aunque muchas veces ya nos encontramos un poco cansados y nos damos cuenta de ello.
No tenemos la misma capacidad, el mismo encanto, que tal vez, en una primera vez estuvo. Esa vez siempre es única e inigualable para cualquiera, y por más que queramos, nada puede asimilarse, y no tenemos que ponerla en comparación. No porque haya sido más importante y mejor, sino porque siempre vamos a idealizarla, porque fue lo nuevo, la gran novedad, el desafío, lo que jamás antes habíamos tenido, ni sentido.
Luego, todo parece ser más complicado, parece no llegar, parece que no lo tenemos; aunque este ahí, frente a nuestros ojos, buscándonos con una mirada, empañándonos con un silencio, dándonos una mano para levantarnos, poniendo el hombro sin saber qué pasará después...pero lo dejamos ir, no nos damos cuenta. Esperamos hasta perderlo y volvemos a empezar, con más huecos de los que ya teníamos, los vamos acumulando, como si fueran de colección.