La inocencia reflejada en la niñez es el sentimiento más puro y sincero que atravesamos, los conocimientos breves que tenemos son insignificantes y el problema más grande es el de matemática.
La realidad es tan lejana que ni podemos verla. Pero algún día ocurre que el reloj de arena comienza a deslizarse hacia un lado y el tiempo empieza a correr, pero no para que nos apuremos, no es por llegar tarde, es para que valoremos cada instante, cada segundo porque son únicos.
Luego ya no miramos con los mismos ojos y la arena nos tapa, llegamos al final.
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